La planta organiza el proyecto en torno a una nueva plaza interior, concebida como un vacío más doméstico dentro del entorno monumental de la Plaza del Pilar. Los recorridos cruzan este espacio y conectan los distintos accesos, generando una pieza urbana permeable que funciona como lugar de paso, estancia y relación.
El programa se divide en dos volúmenes diferenciados: las viviendas habituales se sitúan en la crujía más ancha, con una organización por bandas que separa zona de día, zona de noche y servicios; mientras que los apartamentos turísticos ocupan la pieza más estrecha hacia la plaza, adaptándose a una escala más compacta y flexible.
La disposición de las viviendas busca ordenar el programa desde una lógica clara y repetible. Los espacios habitables se orientan hacia el exterior y hacia la plaza interior, mientras los núcleos húmedos y elementos técnicos se agrupan para optimizar la distribución y reforzar la claridad funcional del conjunto.